Las cabañas de Argelaguer

Alguien dijo alguna vez que el secreto de la felicidad se encuentra en no hacer siempre lo que se quiere, sino querer  aquello que se hace. Ese alguien era, nada más y nada menos, que Leon Tolstoi. Y esta máxima del gran novelista ruso, la adoptó al pie de la letra el señor Josep Pijiula.

Josep Pijiula no ambicionaba tener una gran casa, con su jardín y un perro que le llevase el correo cada mañana mientras él tomaba el primer café del día. Tampoco ambicionaba tener un Aston Martin ni siquiera deseaba un Ford. No necesitaba nada de esto. No quería grandes lujos, su vida se basó únicamente en un proyecto. Y esa ha sido su vida.

Todo comenzó a principios de los años 80 del pasado siglo. La dictadura que había asolado España durante cuarenta años, había llegado a su fin y se respiraba libertad e ilusión. Ganas de realizar sueños que antes habían estado prohibidos. Quizás este espíritu influyó en Josep Pijiula a la hora de realizar su gran proyecto. O quizás no. Lo cierto es que Josep Pijiula comenzó a construir un gran laberinto, formado por ramas entrelazadas y materiales, tales como ruedas o piedras. El laberinto se formó a lo largo del río Fluvià, en el norte de Cataluña. A pocos quilómetros de Besalú y en la entrada de Argelaguer.

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Fuente: Rosa María Lachica

Durante más de veinte años, el laberinto creció, no solamente, en horizontal, sino también en vertical, llegando a construir torres de ramas que alcanzaban los treinta metros de altura. También construyó una pequeña cabaña de madera, asentada sobre un árbol, y un gran estanque de agua. A diferencia de un arquitecto convencional, no utilizó planos ni tampoco tenía permisos de ningún tipo.

Estaba convencido en seguir construyendo mientras la salud le acompañase. Toda su vida estaba reflejada en cada rama de aquellos laberintos imposibles. Nunca había necesitado nada más que poner rama sobre rama y seguir construyendo ¿Quién necesita un Aston Martin cuando toda tu ilusión está en amar aquello por lo que vives?

Sin embargo, si hay alguien que puede destruir la obra del hombre, es el mismo hombre. Somos seres constructivos y destructivos a la vez. Es nuestra naturaleza. Las fuerzas gubernamentales empezaron a presionar para desmontar esta obra, alegando la falta de medidas de seguridad. Más tarde, en el año 2002, está presión fue en aumento con la construcción de una nueva carretera. Así pues, los grandes laberintos de Josep Pijiula fueron destruidos, en gran parte.

Fuente: Rosa María Lachica

Josep Pijiula no desistió y reconstruyó sus laberintos. No obstante, después de recibir una paliza por unos vándalos decidió destruirlo todo, aunque no tardó en volver a construirlo. Actualmente, el Ayuntamiento de Argelaguer ha ordenado su demolición definitiva por no poder garantizar la seguridad de las personas. Por lo que los laberintos de Josep Pijiula tienen los días contados, a pesar de la consternación del propio artista y los vecinos.

Todo se verá reducido a la nada en muy poco tiempo, pero los que hemos visitado los laberintos de Josep Pijiula nunca olvidaremos su mágica obra. Sonreiremos al recordar al llamado cariñosamente Tarzán de Argelaguer, home de les cabanes o El Garrell. Tres nombres que definen a un hombre que vivió por y para su obra. Obra que ahora está presente en cada uno de nosotros.

Rosa María Lachica

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