Mil historias, un camino

He tenido la suerte de que a mis padres les apasiona viajar igual que a mí, y que des de bien pequeña he visto rincones maravillosos que me han aportado un sinfín de experiencias e instantes que guardo en mi mente, bajo llave. Sin embargo, os quiero hablar de uno en especial, uno al que no fui con mis padres. Uno de los de los destinos “más cercanos” que he visitado pero que ha marcado un antes y un después.Hice el Camino de Santiago el año pasado, con dos amigas. No sabíamos exactamente qué nos encontraríamos y nuestro objetivo principal era pasarlo bien. Disponíamos de una semana por horarios de trabajo así que nos propusimos empezar desde Sarria, situado a 112 kilómetros de Santiago de Compostela.

Camino de Santiago

Al iniciar el recorrido, empezamos a absorber todo lo que se encontraba a nuestro alrededor. Al ir a pie, teníamos la oportunidad de observar y de conocer muy de cerca los pequeños pueblos, los campesinos que vivían allí, los animales, los bosques, los campos y las montañas. Contactamos al 100% con la naturaleza de Galicia. Nunca hubiéramos imaginado tal belleza en esas tierras tan cercanas y tan desconocidas al mismo tiempo. Durante todo el trayecto, conocimos gente de todo el mundo. Gente muy dispuesta a compartir con desconocidos esta experiencia. Fue hablando y avanzando en  kilómetros cuando nos dimos cuenta de que cada persona, estaba allí por una causa distinta. Oímos historias de todos los colores..: uno que se había separado, una que era muy creyente y que estaba por motivos religiosos, otro por fines deportivos y culturales, una señora a la que le habían detectado cáncer hacía un mes, grupos de escuelas, otros que para iban para estudiar el territorio y otros simplemente para encontrar el rumbo de su vida… Cada persona o grupo allí, era un mundo. No se si era por la mágia del momento o por la experiencia en la que estabámos inmersas, que nos emocionábamos y nos identificábamos constantemente con las historias de la gente. De esta manera, tuvimos la oportunidad de intercambiar miles de opiniones, creencias, sentimientos, consejos y valores…aprendiendo muchísimo de cada uno de ellos. Lo bonito era precisamente esto, que a pesar de lo que cada uno viniera a buscar, todos caminábamos en el mismo sentido y hacia el mismo lugar. Eran mil historias para un solo camino.

Llegada a Santiago

Con todo lo que vi y oí, me puse a reflexionar y instintivamente comparé el Camino de Santiago con el camino de la vida. La verdad es que el trayecto hasta llegar a Santiago  ( nuestro objetivo ) no fue nada fácil. El dolor de pies, la lluvia y el cansacio fueron obstáculos que superamos sólo con la ilusion de conseguir nuestro reto. Al llegar a la Catedral, me di cuenta que andar hacia adelante, luchar y plantar cara a las adversidades con ilusión, era la fórmula perfecta para conseguir todos mis objetivos.

Así que si tuviera que resumir mi experiencia, diria que aprendí a valorar las pequeñas cosas, a escuchar historias y a luchar por los retos. Fue un camino que sin duda, me hizo más humana.

Clàudia Pardo

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