Una iglesia surcando el río Volga

Se suele decir que la fe mueve montañas, pero para el padre Ghennadij, la fe también cruza ríos. O eso debió pensar cuando decidió convertir una pequeña embarcación en una Iglesia ortodoxa flotante.

El padre Ghennandij es originario de la ciudad de Volgogrado, ciudad que pasó a la historia con el nombre de Stalingrado. Años después de la disolución de la Unión Soviética, el padre Ghennandij decidió que había llegado la hora de llevar la palabra del Señor a rincones inaccesibles y que carecían de un sacerdote.

Así que, en el año 2004, fundó la iglesia de San Vladimir de Volgogrado. La primera iglesia flotante autopropulsada del mundo, cosa que le permite llegar a las aguas menos profundas. El padre Ghennandij, juntamente con su familia, su mujer y sus dos hijos, recorre el río Volga, entre junio y septiembre, llegando a las poblaciones más remotas de la estepa rusa como son Astrakan y Saratov, entre otras. Dichas poblaciones viven casi aisladas y raramente cuentan con un sacerdote propio o una iglesia. Es por eso, que el padre Ghennadij, como buen “pescador de hombres”, va de pueblo en pueblo y ya ha realizado más de 3.000 bautismos a bordo del San Vladimir.

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La Iglesia flotante surca el río Volga.

En el año 2010, realizó una gran travesía por el río Volga hasta llegar a la mismísima Moscú. Recorrió unos 3.000 kilómetros desde la desembocadura del río hasta llegar a la ciudad de Moscú, realizando paradas en las poblaciones que se encontraban por el camino. Así consiguió llegar a una gran multitud de feligreses deseosos de conocer la iglesia de San Vladimir.

La iglesia flotante de San Vladimir de Volgogrado se ha ganado el reconocimiento de la iglesia ortodoxa gracias a su misión evangelizadora y ha recibido varias reliquias que sirven de reclamo para atraer la atención de los devotos. Cabe destacar la donación, realizada por la iglesia diocesana de San Petersburgo, de una parte de las reliquias de Alexander Nevsky, líder ruso y santo de la iglesia ortodoxa rusa.

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Los devotos tienen la posibilidad de rezar a bordo del barco.

Así pues, la iglesia de San Vladimir navega durante el verano, cuando el deshielo permite surcar sus aguas y llegar a pueblos que permanecen aislados durante el crudo invierno ruso. El padre Ghennandij, lejos de los grandes lujos que rodean siempre a la iglesia, cumple como buen sacerdote su misión y lleva las Santas Escrituras a todos los rincones posibles.

Rosa Maria Lachica

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2 Respuestas a “Una iglesia surcando el río Volga

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