Reportaje: La última primavera de Machado

Barcelona siempre ha sido hogar para un gran número de artistas e intelectuales. Sin embargo, pocas personas saben que el poeta Antonio Machado pasó en Barcelona sus últimos meses antes de partir a Francia, camino del exilio. En la Ciudad Condal, fue instalado, junto con su familia, primero en el Hotel Majestic y, posteriormente, en la Torre Castanyer. Repasamos el paso del poeta sevillano en la ciudad catalana.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

La primavera de 1938 fue la última para Antonio Machado. Por aquel entonces, su salud ya estaba debilitada y la moral destrozada por el discurrir de la guerra. Después de dos años de enfrentamientos, la contienda estaba prácticamente decidida. Las tropas sublevadas se hallaban cada vez más cerca de la victoria, mientras que los afines a la legalidad republicana se encontraban aislados y desesperanzados.

El gobierno de la República se había trasladado, en 1936, de Madrid a Valencia escapando así del asedio del ejército franquista. Con las autoridades republicanas iba Antonio Machado, acompañado de su madre, Ana, su hermano, José, su cuñada y sus tres sobrinas. En 1938, la situación era parecida en Valencia, la ciudad estaba a punto de caer, y el poeta, que estaba alojado en Rocafort, un pueblo a escasos kilómetros de la urbe, no tuvo más remedio que partir hacia Barcelona. Sabía que si los rebeldes se hacían con la ciudad, no habría piedad para los partidarios de la República. No sería extraño que corriese la misma suerte que el poeta Federico García Lorca, hacia apenas un año.

Del Hotel Majestic a la Torre Castanyer

De la ciudad moruna
tras las murallas viejas,
yo contemplo la tarde silenciosa,
a solas con mi sombra y con mi pena.

El 10 de abril de 1938 llega a Barcelona y es recibido por el ministro republicano de Instrucción Pública, Wenceslao Robles, y alojado en el Hotel Majestic. Allí permanecerá durante poco más de un mes y coincidirá con otros autores, también instalados allí, como León Felipe, José Bergamín y el hispanista norteamericano Waldo Frank. Con ellos compartiría interesantes charlas por los pasillos del hotel. A pesar de estar hospedado en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad y tener todos los gastos pagados por el gobierno republicano, el poeta sevillano no se siente cómodo en el hotel. El ajetreo de un hotel céntrico en plena guerra, no agrada al escritor, que desea tranquilidad y un ambiente más sosegado. No era amante del lujo, solo quería vivir tranquilo el tiempo que le quedase. Aprovechar para estar con los suyos y seguir escribiendo. La guerra le podía privar de muchas cosas, pero jamás conseguiría que dejase de escribir.

Entrada del Hotel Majestic. Fuente: Rosa María Lachica

Entrada del Hotel Majestic. Fuente: Rosa María Lachica

Sus amigos no tardarían en buscarle otro alojamiento más cómodo y alejado del vaivén constante del centro de la ciudad. El lugar encontrado fue la Torre Castanyer, a los pies del Tibidabo. Se trataba de un viejo palacio abandonado de principios del siglo XIX, propiedad de la duquesa de Moragas, y que había sido confiscado por la Generalitat de Catalunya. Este lugar se convertiría en la última residencia de Antonio Machado en España. Afortunadamente, aquí se sentiría mucho más cómodo que en el Hotel Majestic. No obstante, ni la tranquilidad de las afueras ni su delicado estado de salud hicieron que dejase de trabajar o recibir visitas. Colaboraba en el periódico La Vanguardia, que había sido incautado y se había convertido en el órgano de expresión de la Generalitat de Catalunya, con una serie de artículos regulares. También escribía en Nuestro Ejército, en Servicio Español de Información y en Hora Punta. La actividad no se detenía y disfrutaba con las visitas de Tomás Navarro Tomás, filólogo y lingüística, y del musicólogo Eduardo Martínez Torner. Fueron los últimos días agradables de Antonio Machado en Barcelona y, por extensión, en España. La calma antes de la tormenta.

Dicha tormenta no tardaría en llegar con la derrota republicana en la Batalla del Ebro, que dejaba vía libre a las tropas de Franco para tomar Catalunya. En enero de 1939, Franco se encontraba a las puertas de Barcelona y el poeta no tuvo más remedio que emprender otra vez la huída. Esta vez sería para marchar de la patria que le vio nacer. No volvería a pisar suelo español nunca más. Ahora se instalaría en el pueblo costero de Colliure, donde pasaría sus últimos días.  Al delicado estado de salud de Machado, se uniría la decepción por la guerra perdida. Había perdido toda esperanza e ilusión, ya solo le quedaba esperar la muerte fuera de su tierra. Su corazón dejó de latir el 22 de febrero de 1939. Poco más de un mes después la guerra veía su fin. La República había sido derrotada.

Entrada Torre Castanyer. Fuente: Rosa María Lachica

Entrada Torre Castanyer. Fuente: Rosa María Lachica

El legado de Machado

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Actualmente, no queda mucho del paso de Antonio Machado por Barcelona. El Hotel Majestic continúa siendo un lujoso hotel, situado en el paseo de Gracia, mientras que la Torre Castanyer se encuentra en el paseo de Sant Gervasi, en el barrio del mismo nombre. En 1989, el hotel permitió la colocación de una placa de homenaje al poeta, coincidiendo con el cincuenta aniversario de su muerte. Esta placa aún está visible en la entrada del hotel y nos sirve para recordar su paso por el lujoso hotel barcelonés. En abril de 2013, se celebró, coincidiendo con los 75 años del paso de Machado, un banquete basado en productos que se sabe que eran del agrado del poeta.

Placa conmemorativa de Antonio Machado en el Hotel Majestic. Fuente: Rosa María Lachica

Placa conmemorativa de Antonio Machado en el Hotel Majestic. Fuente: Rosa María Lachica

En cambio, en la Torre Castanyer no encontramos ninguna huella que nos indique que Machado pasó allí sus últimos días en España. Parece ser que la familia propietaria de la vivienda, la familia Güell, una de las familias más poderosas de Barcelona, no está interesada en recordar el paso del poeta sevillano por este palacio.

Es indudable que no fue una visita grata para el autor, las circunstancias de la guerra le habían llevado allí. Aún así, es interesante conocer los espacios donde vivió estos últimos días, pasar por delante del hotel y del palacio e imaginarnos al poeta con su inseparable bastón, paseando y meditando. Sabía que las primaveras se habían acabado.

Rosa María Lachica

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s