La colorida historia de La Pineda

La Pineda, charcutería, Barcelona, Gótico

José Segovia, orgulloso dueño de La Pineda desde 1973

La Vanguardia del sábado 6 de junio de 1930 anuncia la próxima inauguración del Bar-Charcutería La Pineda, donde ofrece “un servicio insuperable de toda clase de fiambres, conservas, embutidos, selectos, rotisería, platos fríos, etc. Además de una sección de Granja-Bar para degustación de todos sus artículos”. Sin duda, este anuncio bien puede publicarse nuevamente en los periódicos actuales. La Pineda ha mantenido su negocio intacto y en su local pocas máquinas han tenido que ser reemplazadas. Con un comunicado así, los barceloneses jóvenes se podrían atrever a conocer el lugar que tanto mencionaban los abuelos en sus anécdotas y los turistas, o los que viven lejos de la Calle del Pi, 16 del barrio Gótico, podrían aprovechar para pasear, comer productos de calidad y envolverse en su historia.

Si el pino que estaba plantado a sus afueras, el que le dio el nombre a La Pineda, seguiría ahí; o si la caja registradora y la cortadora de embutidos hablaran, nos contarían su versión de cómo comenzó todo. Ahora lo que podemos saber es que la idea nació en Zaragoza, en la persona de Francisco Mir, maño que vio en Barcelona un mejor mercado y viajó a poner el negocio en marcha. Los proveedores venían directo Salamanca, Huelva, Cádiz, Cantabria. Para su apoyo en el local, contrató a José Segovia, un sevillano que terminó siendo de su total confianza, tanto que hasta dormían en la misma casa. Francisco fallece y, desde el año 1973, José y su sobrino pasan a ser los propietarios de La Pineda. A sus cincuenta y ocho años nos cuenta está historia con orgullo y melancolía a la vez. Orgullo por haber ayudado a sacar este negocio adelante y ser el propietario actual. Melancolía por haber perdido a su jefe y compañero.

Durante estos cuarenta años, José se ha dado cuenta de que, lo que en sus inicios comenzó únicamente como una charcutería de productos frescos y de calidad, con el paso del tiempo ha venido convirtiéndose también en una participante más de la cultura de Barcelona. En un símbolo que ha acarreado diferentes épocas y sociedades, pero sobretodo ha sabido mantener los mismos colores y sabores de su inicial y actual local.

La Pineda, Calle del Pi, Barrio Gótico, Barcelona

Calle del Pi, 16. Barrio Gótico de Barcelona

Su carta de presentación es un letrero amarillo con letras azules que escriben su nombre. Una carpa, que en su tiempo debe haber sido blanca, comunica su año de origen y una pared gris enmarca todo el mundo de colores que hay en su interior. Como Michel Pastoureau lo describe en su libro Diccionario de los colores, este gris bien representa su antigüedad, pero también remite sabiduría, conocimiento e inteligencia. Será de la persona emprendedora que comenzó con esta charcutería, de las que mantienen este negocio o quizá, de todos aquellos clientes que frecuentan sus pequeñas mesas y bancos redondos. De los pocos que José recuerda, artistas como Mario Cabré, Ferrán Adrià, Manolo García, Estopa, son personajes famosos que engalanan La Pineda frecuentemente. Más galardones tendríamos que darles a esos clientes que, además de ir a comer un buen jamón de jabugo, una pata negra o anchoas, van a reunirse con sus amigos y a sentirse como en casa. A estos últimos y a José, se les puede identificar con un toque de color blanco. Un tono que lo llevan muy en alto en su cabello y, que a más de vejez, significa sacrificio y trabajo arduo.

La Pineda, Barcelona, charcutería, colores, Gótico

El colorido interior de La Pineda

Estos visitantes son vecinos. Años antes, La Pineda también abastecía a personas y bares de barrios altos de Barcelona como Sarrià y Vilanova. El hecho de que ocho de cada diez personas compren fiambres, embutidos y jamón al corte, ha dado mercado a nuevas charcuterías y la necesidad de consumo ha superado factores de decisión como al precio y la calidad. Esto lo dice el estudio de mercado sobre el Consumo y la Distribución Alimentaria que el Ministerio de Ambiente y Medio Rural realizó en el 2008, pero José también está de acuerdo con esta realidad. Su historia y buena reputación han hecho que ahora sean los turistas los que le ayuden a recuperar esas ventas perdidas. Esta gente novelera es la que busca entrar a cada rincón de la ciudad, y por tratarse de Barcelona, mientras más antiguo sea, mejor. A parte de que las guías turísticas la sugieren, está charcutería llama la atención por su decoración natural, su desorden ordenado y sus colores. Las patas de jamón color anaranjado y embutidos rojizos cuelgan casi desde el techo, conservas de aceitunas verdes y enlatados se apilan uno encima de otro, botellas de varios licores forman una pirámide en el ático. Esa es su decoración. Es una mezcla de texturas y colores que involuntariamente atraen al cliente. Según la teoría de Pastoureau, esto puede deberse a que el rojo es señal de fiesta, el anaranjado es alegría y el verde es juventud y naturalidad. Características positivas y suficientes para crear un ambiente agradable y ofrecer confianza. Colores que, para los clientes frecuentes, mantienen vivo ese clima de hogar, invitan a regresar a esos barceloneses modernistas y son un escenario turístico para fotografiar y probar el sabor español tradicional.

Cecilia Holguín

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s